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Hay que vacunar a todos los niños

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Hay que vacunar a todos los niños

California podría convertirse en el primer estado en volver mandatoria la vacunación infantil para ir a la escuela, pero sin aceptar ningún tipo de excepción por razones personales. La ciencia y la historia de la salud pública avalan este tipo de legislaciones: la inmunización masiva ha demostrado ser eficaz para prevenir enfermedades que pueden incapacitar y hasta matar.

El Comité de Educación del Senado californiano votó el miércoles 22 de abril —7 contra 2— a favor de este controversial proyecto que se debatirá ahora en el pleno de la legislatura estatal.

Esta movida política pro vacunas fue la consecuencia del brote de sarampión que surgió en el parque de diversiones de Disney en diciembre pasado, y que causó cerca de 150 casos en cinco estados y Canadá. El disparador: un niño con sarampión que no había sido vacunado.

¿Por qué hay padres que se oponen a vacunar a sus hijos? Como madre y editora de temas de salud me cuesta mucho entenderlo. Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) explican que vacunando al bebé hasta los 2 años, se lo protege de 14 enfermedades que pueden ser graves. Sin las vacunas, algunos males pueden volver y hacer estragos sanitarios.

La doctora Carissa Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) auspicia la Semana de Vacunación en las Américas, este año se realiza del 25 de abril al 2 de mayo, una mega iniciativa que alcanza con jeringas inmunizadoras a más de 60 millones de niños y adultos. Gracias a las altas tasas de vacunación, remarca Etienne, se pudo erradicar la viruela del continente —el último caso se registró en 1971— y la poliomielitis desde 1994.

Se espera que estos esfuerzos de salud pública logren pronto eliminar del hemisferio al sarampión y la rubéola. La difteria, la tos ferina y el tétanos también están acorralados gracias a las vacunas.

Que sí, está científicamente comprobado que son inocuas y no causan otros trastornos, como el autismo. Desafortunadamente, el trabajo del médico inglés Andrew Wakefield que en 1998 vinculó a las vacunas con este trastorno —y que luego se comprobó que era fraudulento— caló profundo en padres que culparon a las vacunas por la enfermedad de sus niños.

La vacunación es una de las herramientas sanitarias más valiosas y económicas, la mayoría de las dosis cuestan menos de $1 dólar, para proteger no sólo a cada niño —y también a los adultos— sino a toda la comunidad. Un grupo vacunado es más fuerte ante microorganismos poderosos, virus que esperan pasar de cuerpo en cuerpo, invadiendo y enfermando de manera invisible. Por el contrario, un solo niño que no está vacunado pone a todos en riesgo de enfermarse.

Sí, en todo procedimiento médico hay riesgos, pero en el caso de las vacunas son mínimos comparado con los beneficios.

No suelo estar a favor de medidas mandatorias, pero me saco el sombrero ante los legisladores de California que se atreven a enfrentar al espacio privado en nombre del bien público.

 

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