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Chile: las terribles secuelas de la tortura

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Crédito: Wikimedia Commons

Sólo en Chile, que conmemora este 11 de septiembre 40 años del golpe de estado, más de 27,000 personas testimoniaron haber sido torturadas por la dictadura del general Augusto Pinochet. Miles más callaron su dolor. Y otras murieron tras el maltrato. En el mundo, esta forma de violencia extrema sigue dejando heridas sociales e individuales que, afirman, sólo el recuerdo y la justicia pueden sanar. 

Durante los 17 años que duró la dictadura, tras el golpe que derrocó a Salvador Allende en Chile, el aparato de terror secuestró e hizo desaparecer a miles de personas. De ellas, 33,000 sobrevivientes dieron testimonio ante la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Dictadura. Y 27,255 contaron la pesadilla de la tortura.

En Argentina, Brasil, Uruguay, en los países de Centroamérica y en naciones de otros continentes, millones de personas que sufrieron esta forma de violencia extrema intentan todavía sanar las heridas físicas y psíquicas... ¿es posible?

Según explica la Organización Mundial de la Salud (OMS), el retorno a la vida tras haber sido torturado implica un largo camino terapéutico, en donde el trabajo grupal, junto a otras víctimas, ha demostrado ser muy eficaz. 

Sin embargo, apunta la OMS, la responsabilidad social en la reinserción de la persona torturada es fuerte, "ya que la justicia que se aplique a los torturadores será crítica para el proceso de sanación".

El documento de la OMS sobre la tortura explica que las principales secuelas de este maltrato son: la sensación de tener miedo en forma permanente, el padecer trastornos de ansiedad, depresión, miedos que no conocen la diferencia entre el día y la noche, están tanto en el trabajo como en la pesadilla nocturna.

Ahora, muchos estados consideran a la salud mental un componente central del sistema de salud, lo que ayuda al tratamiento de las víctimas. De hecho aquí en Estados Unidos, la nueva Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio, propone una amplia gama de servicios vinculados a la salud mental.

Inge Genefke, neurocirujana fundadora del Consejo Internacional de Rehabilitación de Víctimas de la Tortura, la define como "el peor de los traumas a los que se puede someter a un ser humano".

Y el regreso a la vida, explica Genefke, es el principal desafío, algo que es posible con amor y apoyo comunitario. "Es la sociedad también la que debe apoyar con sus leyes a los torturados. La tortura existe desde siempre, pero la diferencia es que ahora se castiga a los torturadores".

¿A qué horrores fueron sometidos? Según el documento de la Convención contra la Tortura de las Naciones Unidas, ratificado por Chile en 1988, la tortura es "todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero una información o confesión (...) cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas".

Esto abarca desde golpes, gritos, mantener paradas a las personas por días y el uso del voltaje hasta otras técnicas aberrantes como el arrancar uñas o practicar el "submarino": hundir las cabezas en tinas con agua. Todo con el fin de "desmembrar" la personalidad, destruir la integridad del individuo. Y obtener información.

En el caso de Chile, el 58% de los torturados tenían menos de 30 años. Y se torturó a 1.080 menores de edad.

Lo paradójico es que, según una investigación del Trinity College Institute of Neuroscience, el torturador nunca consigue su objetivo ya que estas técnicas de dolor indescriptible "aterran y estresan a tal punto que se anulan los procesos cerebrales vinculados a la memoria, y provocan respuestas equívocas, disparadas por la desesperación por sobrevivir".

Amnistía Internacional, quien alza su voz cada vez que sale a la luz esta práctica, como lo hizo en 2009 cuando se conoció el caso de la cárcel iraquí de Abu Ghraib, en la cual soldados estadounidenses torturaron a presos, asegura que la impunidad con los torturadores es lo que no permite "cerrar las heridas, tanto de los individuos, como de la sociedad".

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