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Los hogares donde hay muchos problemas podrían fomentar la obesidad en las niñas

Por Jenifer Goodwin, Reportero de Healthday -

Un estudio halló un riesgo casi doble en las familias que se enfrentaban a la pobreza, el abuso de drogas y otras fuentes de estrés

LUNES, 16 de abril (HealthDay News) -- Las niñas pequeñas de hogares problemáticos son más propensas a ser obesas a los cinco años que las niñas de hogares más felices, muestra una investigación.

Sin embargo, los investigadores no hallaron la misma asociación entre el peso de los chicos y las situaciones familiares difíciles.

En el estudio, los investigadores evaluaron datos sobre más de 1,600 niños en edad preescolar del Estudio de familias frágiles y bienestar infantil, que rastrea la salud y el bienestar de los niños, sobre todo los nacidos de familias de bajos ingresos y de madres solteras. Alrededor de la mitad eran negros, 27 por ciento hispanos y 22 por ciento blancos.

Cuando los niños tenían uno y tres años de edad, se preguntó a las madres sobre seis estresores: violencia doméstica, depresión, abuso de drogas, inseguridad en la vivienda, inseguridad alimentaria (lo que quiere decir que no siempre había suficiente comida nutritiva en casa) y si el padre del niño estaba en prisión. A los cinco años se midió la estatura y el peso de los niños.

A los cinco años, el 17 por ciento de los niños eran obesos, lo que se definió como tener un índice de masa corporal (IMC) en el percentil 95 o más, o sea, tener más peso que el 95 por ciento de sus pares según la estatura.

Las niñas cuyas madres reportaron experimentar dos o más estresores cuando sus hijas tenían un año eran el doble de propensas a ser obesas a los cinco años. Si la madre reportó experimentar dos o más estresores cuando su hija tenía tres años, la niña también era más o menos dos veces más propensa a ser obesa.

Los investigadores hallaron una tendencia a un riesgo similarmente alto de obesidad si las madres reportaban experimentar estresores cuando sus hijas tenía uno y tres años, sin embargo, los resultados no fueron estadísticamente significativos. Los investigadores creen que eso no significa que no haya una relación, simplemente que esta muestra no era suficientemente grande para mostrarla.

Los resultados sugieren que los pediatras y otros que intentan controlar la epidemia de obesidad infantil deben tomar en cuenta las dinámicas familiares y el ambiente del hogar, y no solo el peso de una niña.

"Para las familias que experimentan todos esas fuentes de estrés, la obesidad es una cosa más, y quizás no sea una prioridad tan importante como otras cosas", señaló la autora del estudio Shakira Suglia, profesora asistente del departamento de epidemiología de la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York. "Particularmente para las niñas, cuando atendemos a estos pacientes que son niños obesos a los cinco años, probablemente suceden muchas cosas más, y no se trata simplemente de lo que comen y de su actividad física. Hay otras cosas en el ambiente familiar que hay que abordar para mejorar la salud del niño".

El estudio aparece en la edición de mayo de la revista Pediatrics.

Hay varias explicaciones que se cree subyacen a la conexión entre estrés y obesidad, planteó Christina Bethell, profesora del departamento de pediatría de la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón y directora de la Iniciativa de medición de la salud infantil y adolescente.

"La conexión entre el estrés, las conductas de salud y la obesidad es profunda, y muchos afirman que para afrontar la obesidad, primero tenemos que afrontar los problemas psicosociales y el estrés", señaló Bethell.

Quizás haya una relación directa, o sea, los niños que están estresados debido a una vida familiar difícil podrían ser más propensos a comer alimentos muy calóricos. Estudios han sugerido que en los adultos, el estrés provoca que la gente busque "comida casera", apuntó Suglia.

Pero también podría haber efectos indirectos. Las madres que están estresadas, o que afrontan preocupaciones como la violencia o la inestabilidad económica grave, quizás no estén tan emocionalmente disponibles para sus hijos, apuntó Suglia, y podrían sentar a los niños frente a la tele o darles comida basura para mantenerlos ocupados mientras afrontan sus propios problemas.

La inestabilidad económica podría significar que las familias no puedan costear, o crean que no pueden costear, productos frescos, cortes magros de carne y otros alimentos nutritivos, apuntó.

Investigaciones anteriores han hallado que el estrés causado por la violencia doméstica y la pobreza se asocia con mayores riesgos de enfermedad cardiovascular en los adultos.

Sin embargo, una pregunta sin respuesta es por qué no hubo una asociación entre la obesidad y los hogares con problemas entre los chicos. Suglia sugirió que hay varias explicaciones posibles.

"Es posible que las niñas internalicen las cosas de forma distinta. Otros estudios han mostrado que sí actúan de forma distinta cuando son expuestas al estrés. Las chicas tienden a internalizar más, y a tener más conductas depresivas", dijo Suglia.

Por lo general, los chicos son más físicamente activos que las chicas incluso a esa edad temprana, así que todo lo que corren y saltan podría ayudar a evitar la obesidad por más tiempo. Los niños de ambos sexos también se desarrollan de forma distinta, así que es posible que las chicas detecten más preocupaciones maternas, mientras que los chicos prestan menos atención, lo que les hace menos vulnerables, señaló Suglia.

"En la literatura sobre la violencia doméstica, hemos hallado que las chicas se identifican más con la madre que los chicos", apuntó Suglia.

Pero ninguna de estas explicaciones han sido probadas. De hecho, los investigadores hallaron que las chicas que crecían con estos factores de riesgo psicosociales eran más propensas a ser obesas que los niños de hogares más armoniosos, pero no que una vida hogareña difícil provocara obesidad.

Más información

La Annie E. Casey Foundation ofrece más información sobre los niños y el bienestar.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

© Derechos de autor 2011, HealthDay

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