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Miley Cyrus fuma extraños cigarros en una fiesta

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La cantante adoptó un estilo de vida desafiante, viste ropa provocativa, elige conductas algo reñidas con la moral y hasta fuma cigarros de dudosa procedencia en fiestas con amigos. ¿La fama le sienta mal?

En los últimos tiempos, la cantante de 21 años parece querer separarse de su personaje de Hanna Montana, aquella joven encantadora que protagonizó para Disney Channel. El éxito fue inmediato y se convirtió en un ídolo de los adolescentes en todo el mundo. 

Pero no es fácil lidiar con la fama, y tampoco quedarse encasillado en un personaje de otros tiempos. Al parecer, la actriz quiere mostrarle a sus seguidores que ella es bien distinta de Hanna Montana: más audaz, provocativa y amante de romper los moldes. Así se mostró en sus últimas presentaciones, llenas de insinuaciones sexuales que fueron muy criticadas por la prensa y también por muchos de sus seguidores. 

La fama ¿le sienta mal?

Hay pocos estudios psicológicos hechos con la colaboración de personas famosas, ya que es poco probable que se presten para ser parte de un experimento. Hace un tiempo se creía que las personas famosas desarrollaban un exceso de narcisismo, necesidades exhibicionistas, egocentrismo o algún tipo de trastorno psicológico que los llevaba a desear el reconocimiento público en forma permanente.

Pero investigaciones recientes sugieren que es la fama la que puede llegar a alterar la salud psicológica de un famoso. Mark Schaller, psicólogo de la Universidad de British Columbia investigó la personalidad de varios personajes famosos, y observó que muchos se vuelven más obsesivos y egocéntricos por la permanente atención que tiene el público sobre ellos. Este exceso de conciencia sobre sí mismos e introspección puede llegar a alterar su salud mental, en especial en los más jóvenes, como es el caso de Miley Cyrus.

En su trabajo “Las consecuencias psicológicas de la fama”, Mark Schaller describe tres casos donde la fama aumentó el egocentrismo hasta volverlo patológico. El primer ejemplo que menciona es el de Kurt Cobain, el cantante de Nirvana que se suicidó a los 27 años. A medida que se fue haciendo famoso comenzó a utilizar cada vez más la primera persona en la letra de sus canciones.

Lo mismo ocurrió en las historias cortas del segundo caso estudiado, el escritor estadounidense John Cheever, ganador del premio Pulitzer. Además de afectar su estilo de escritura, la fama lo llevó a consumir mucho alcohol, tuvo profundas depresiones y hasta recibió tratamientos con electroshock El tercer caso es el de el cancionista Cole Porter, uno de los autores más famosos del siglo 20, que llegó a tener tres comedias musicales simultaneas de su autoría en Broadway. Pero no pudo con la fama, y se convirtió en un alcohólico depresivo.

Muchos desean el recoocimiento público, pero al parecer no es nada fácil lidiar con él. Cuando una celebridad entra a un lugar, todos giran para mirarla, y cuchichean entre sí mientras la estudian  de arriba abajo. El famoso, por su parte, un verdadero ídolo viviente, sufre y padece la presión de sus fans, que le exigen día a día que sean bello y perfecto. Pero debe sonreir... y seguir adelante.

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