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Joan Rivers y la decisión de desconectarla

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Joan Rivers y la decisión de desconectarla
CRÉDITO: GETTY IMAGES

La actriz y comediante octogenaria Joan Rivers falleció en Nueva York luego de haber experimentado varias complicaciones en su salud a causa de una operación en la garganta. La vida de la artista dependía de un respirador artificial hasta que su hija Melissa, tomó la decisión de “apagar” su existencia.

La comediante de 81 años Joan Rivers falleció el 4 de septiembre de 2014 en la ciudad de Nueva York luego de una difícil semana donde experimentó un paro respiratorio, a causa de una cirugía de las cuerdas vocales.

Todo ocurrió el 28 de agosto, mientras era atendida en el centro médico del barrio Upper East Side cuando, en plena práctica quirúrgica, comenzó a faltarle el aire. De inmediato, la protagonista del programa “Fashion Police” fue trasladada al hospital “Mount Sinai”, donde tras varias evaluaciones le fue provocado un coma inducido.

A partir de ese momento, el panorama no pintaba para bien para la presentadora, pues también le fue conectado un respirador artificial para mantenerla con vida.

El momento más difícil para sus familiares llegó cuando el médico les notificó que tenían un par de días para decidir si querían mantenerla con vida o mejor la desconectaban de la máquina, pues no había mucho que hacer por ella.

De acuerdo con el portal TMZ, la hija de la artista Melissa, fue la valiente en tomar la decisión de desconectarla. Y es que frente a este complicado momento surge una polémica con opiniones dividas, unas que defienden la vida, y otras que optan por terminar con la agonía de un paciente por el que ya no se puede hacer nada.

¿Qué es lo correcto?

“La desconexión del respirador es lo que más cuesta hacer. Es la prueba de fuego”, explica Joan Manuel Salmerón, quien es director de Urgencias y presidente del comité de ética asistencial del Hospital Clínica de Barcelona.

Para Salmerón, tomar esta decisión no se trata de una eutanasia, ni de un suicidio asistido, sino de un principio establecido por Naciones Unidas en donde se especifica que una persona es libre de decidir sobre el futuro de su salud.

En el caso de Rivers, es absurdo que en su estado de coma inducido haya podido decidir si quería permanecer con vida o mejor terminar las cosas de una vez por todas. Sin embargo, es posible que tiempo atrás haya contemplado un panorama similar y se lo haya externado a sus familiares.

Aún así, con una voluntad hecha o no, los familiares son quienes reciben una alta carga de estrés sobre tomar el difícil veredicto. Los sentimientos se encuentran a flor de piel y tienen que ser lo más sensatos posibles.

En caso que no exista una respuesta y existan dudas, hay comités éticos de investigación clínica, los cuales, según el Hospital Universitario de Fuenlabrada de Madrid, son organismos independientes, constituidos por profesionales sanitarios y miembros no sanitarios con la meta de velar por la protección de los derechos, seguridad y bienestar del paciente. Ellos ayudan a analizar las cosas de manera más fría de forma que se tome una respuesta final, que en el caso de Rivers derivó en su deceso.

Muchos de los seguidores de la artista, sin duda la recordarán como una mujer trabajadora, pues a pesar de haber conseguido cinco nominaciones al Emmy y una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood ella llegó a afirmar que no pretendía abandonar su carrera en al televisión. “Me detendré el día que muera”, dijo en alguna ocasión al periódico Las Vegas Sun.

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