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Chávez no puede irse sin decir adiós

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Crédito: Getty

Según los expertos, tanto para el paciente terminal como para sus seres queridos es fundamental conocer el diagnóstico. Sólo de esa manera el enfermo podrá tomar las decisiones que sean necesarias y sus familiares o seres queridos podrán evitar quedarse con cuentas pendientes.

De voz potente y espíritu bravío, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, posiblemente jamás imaginó en su vida lo que significaría su silencio. Y no sólo el suyo, sino el de su familia y colaboradores. 

Si a ese silencio se le suman declaraciones como la del vicepresidente Maduro, que el sábado 23 explicó que la cánula traqueal que tiene colocada Chávez, debido a la insuficiencia respiratoria, “no le impide que nos comunique sus orientaciones”, el resultado es un escenario de absoluto y tortuoso caos. 

Tanto entre los más fervorosos chavistas, que ya no saben a qué deidad rezarle para que el gobernante dé señales de vida, como a la oposición, que reclama un derecho constitucional, que no es otro más que exigir que un comité médico informe si el presidente convaleciente puede gobernar en ese estado (sea cual sea). 

Mientras tanto, en Caracas y en todo el país se realizan vigilias implorando por la recuperación del líder.

Decir la verdad


Informar el diagnóstico verdadero tanto al paciente terminal como a sus seres queridos es un requisito básico en la práctica médica en los Estados Unidos. La explicación es sencilla: la informacion es clave para tomar decisiones y, a la larga o a la corta, las noticias seguramente serán malas. 

En su libro “Saying goodbye: how families can find renewal through loss” (“Decir adiós: cómo las familias pueden reanudar después de su pérdida”, en español), los autores Barbara Okun y Joe Nowinski explican cómo los avances de la medicina han sacado un poco de drama al tema de la muerte. 

“Un diagnóstico de una enfermedad terminal no siempre es una sentencia de muerte, uno puede sobrevivir meses o incluso años antes de morir. Esto nos puede obsequiar la posibilidad de tener más tiempo para compartir con nuestros seres queridos , aunque también puede complicar el dolor emocional, trayendo a la familia problemas y obligándolos a crear nuevos desafíos donde todos puedan involucrarse”, reflexionan los expertos. 

El último adiós

El diagnóstico certero de un enfermo terminal es esencial para que el entorno del paciente terminal pueda tener un mejor proceso de duelo, posterior a la muerte. 

Según la Escuela Médica de Harvard, “aunque es doloroso en muchos sentidos, una enfermedad terminal permite tener tiempo para decir cuánto uno quiere a esa persona”, de compartir cúanto se la aprecia y de reparar ciertas situaciones, en caso de que sea necesario. 

“Cuando la muerte ocurre inesperadamente, la gente con frecuencia se arrepiente de no haber tenido una oportunidad de hacer todo eso”, describe la publicación “Afrontando la enfermedad terminal de un ser querido”, de esa institución.

En su libro “Dying well” (“Muriendo bien”, en español), el autor Ira Byock, sugiere que las personas que tienen un familiar con una condición terminal puedan intercambiar palabras como: “te quiero”, “perdóname”, “te perdono”, “gracias” y “adiós”. 

Es que, según Byock, de no decirse estas palabras tan sencillas pero a la vez tan necesarias, muchos enfermos terminales sienten que los demás no están listos para su partida. Por eso, el autor aconseja: “Dile a tu ser querido que está bien que se vaya cuando se sienta listo. Saber que uno podrá afrontar la muerte puede brindarle al enfermo un alivio enorme”. 

Todo esto, siempre y cuando se diga la verdad. Si no, como sucede con el presidente Hugo Chávez, sus seres queridos, que no son sólo su familia sino los millones de ciudadanos de su país que siguen paso a paso su evolución, seguirán teniendo que levantarse por la mañana e irse a dormir por la noche con la angustia de lo inevitable y con la esperanza del milagro. 

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