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Kennedy: ¿habría sobrevivido hoy?

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Kennedy: ¿habría sobrevivido hoy?
CRÉDITO: WIKIMEDIA COMMONS

Fueron tres balas las que acabaron con la vida del presidente John Fitzgerald Kennedy en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963. Una impactó en su cuello, otra en el hombro y la última en su cabeza, a las 12:30pm. Fue trasladado al Parkland Hospital y a la 1pm fue declarado muerto. ¿Qué habría pasado si esta tragedia hubiera ocurrido en el 2013? ¿La ciencia hubiera logrado mantenerlo con vida?

Una voz autorizada, la del Dr. Robert McClelland, hoy de 83 años y en aquel momento cirujano general del Parkland Hospital, asegura que Kennedy, de 46 años al momento del crimen, hubiera muerto aún si la tragedia hubiera ocurrido hoy. "El presidente perdió la mitad del cerebro con el disparo y su cerebelo colgaba fuera de su cabeza. No tenía chances de sobrevivir", dijo McClelland a la cadena ABC.

Sin embargo, Kennedy llegó respirando a la emergencia del hospital, "yo pude ver el interior de su cráneo, fue algo demasiado impactante", contó McClelland, quien fue testigo de pasillos repletos de agentes secretos, personas gritando, enfermeras y médicos corriendo y una devastada Jackie, siempre al lado de JFK.

"Su herida era fatal", resumió el médico. Pero otros no están tan de acuerdo: dicen que no se trata sólo del tipo de herida, que obviamente cuenta, sino de la capacidad de respuesta médica.

Y ponen como ejemplo el caso de Gaby Giffords, la congresista demócrata por Arizona que el 8 de enero de 2011 recibió un disparo que atravesó su cabeza, en Tucson, Arizona. Giffords perdió masa encefálica, como Kennedy, pero los médicos enseguida le indujeron el coma, un estado en el que se pone al paciente para evitar el estrés que puede comprimir el cerebro y así protegerlo durante una neurocirugía.

Algo que con Kennedy no hubiera podido hacerse ya que esta práctica de inducir el coma se desarrolló a fines de los años 70. De hecho, el primer artículo sobre el tema publicado en la Revista de la Asociación Médica Americana (JAMA) data de 1977.

Según explica la Asociación Americana de Anestesiología, esta alternativa de practicar el coma inducido aumenta la posibilidad de supervivencia hasta en un 60%.

Otro factor que hizo más letal la tragedia de Kennedy fue la trayectoria y el impacto de la bala. La Asociación Americana de Neurocirujanos explica que lo que determina la diferencia entre la vida y la muerte al sufrir un impacto de bala en la cabeza es, entre otras cosas, por dónde ingresó la bala, su calibre, es decir el tamaño, y si al entrar al cerebro se fragmenta.

La teoría oficial indica que Lee Harvey Oswald disparó contra Kennedy con un fusil Carcano Modelo 91/38 de 6,5 mm, de fabricación italiana y con mira telescópica. Asi y todo para acertar tres tiros a una distancia de un bloque debió ser un experto francotirador.

La bala fatal, la que impactó en el cerebro de JFK, desde la parte frontal hacia atrás, se desmembró dentro de la masa encefálica, lo que complicó de manera fatal el pronóstico.

En el caso de Giffords, el arma fue una pistola Glock semiautomática de 9 milímetros, también un arma potente, pero la diferencia fue que Jared Lee Loughner, el autor de los disparos, no tenía ningún entrenamiento militar, fue diagnosticado con esquizofrenia paranoide, disparó a mansalva —es decir sin apuntar a su víctima— y la bala que impactó en el cerebro de Giffords no se fragmentó en cientos de milimétricos pedazos

Otro de los factores críticos que sí hubieran determinado un porcentaje de sobrevida mayor a favor de Kennedy, explica la Asociación Americana de Neurocirujanos, es la velocidad de respuesta, que hoy es más rápida que en 1963.

El Dr. McClelland analizó miles de veces este crimen que marcó de una manera muy particular la historia y las libertades en este país. Y ahora, con la perspectiva de 50 años de revisar cada momento, cada segundo, admite que la diferencia entre ayer y hoy habrían sido los equipamientos que en la actualidad tienen las ambulancias. Las unidades de emergencia poseen en estos días más opciones de tratamientos de primeros auxilios que las de entonces. Y son más veloces.

La Comisión Warren —que investigó la tragedia— estableció en 1964 que no había habido una conspiración para matar a Kennedy, algo que es refutado hasta el día de hoy. Y mientras sigue el misterio, y las tres balas continúan en la memoria y el dolor colectivos, el Dr. McClelland afirma que los avances tecnológicos para enfrentar una emergencia habrían quizá mantenido con vida a Kennedy unas horas más, pero no lo hubieran librado de la muerte.

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