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Los partidos de la Copa Mundial podrían mejorar la salud mental

Por Jenifer Goodwin, Reportera de Healthday -
Los partidos de la Copa Mundial podrían mejorar la salud mental

Una investigación muestra que apoyar al equipo favorito crea una sensación de conexión

MIÉRCOLES, 16 de junio (HealthDay News/DrTango) -- Si está impaciente por ver al equipo de fútbol de EE. UU. enfrentarse al de Eslovenia en el próximo partido de la Copa Mundial el viernes, entérese de que ser un ávido fanático del deporte conlleva algo más que diversión.

Los científicos han demostrado que los fanáticos que se sienten personalmente involucrados en un equipo o que, mejor aún, asisten a los partidos para dar ánimos junto a fanáticos de la misma opinión, sustraen beneficios de salud mental de una sensación de conexión social.

"Lo más importante que la gente logra a través del fanatismo deportivo es una sensación de pertenencia, de conexión, con los demás", apuntó Edward Hirt, profesor de ciencias psicológicas y del cerebro de la Universidad de Indiana. "Compartir una alianza común con otros une a la gente de forma especial. Podemos relacionarnos con otros que comparten el fanatismo con nuestro equipo, y sentir una camaradería que nos trasciende".

Monty Rodrigues conoce esa sensación bien. El analista de Nueva Hampshire tiene un abono de temporada para el club de fútbol New England Revolution. Como presidente de los Midnight Riders, el club de fanáticos del equipo, organiza actividades en el aparcamiento y de grupo previas al juego, que han recolectado $25,000 para causas caritativas.

Junto a amigos que consiguió a través de la Copa Mundial, estuvo en Sudáfrica para ver el empate de EE. UU. e Inglaterra el sábado.

"En el fútbol, los fanáticos cantan, tocan tambores, brincan. Uno se siente parte del equipo", aseguró Rodrigues. "He conocidos a muchos buenos amigos por ser fanático del fútbol. A algunos los conocí en los partidos de Revolution. A otros los veo en la Copa Mundial. Elegimos un bar para encontrarnos, nos tomamos una cerveza y celebramos amistades que conseguimos por el deporte".

Y como cualquier fanático del deporte puede decir, ser un fanático es aún mejor si el equipo gana o, en el caso del equipo de fútbol de EE. UU., sorprende al mundo empatando con Inglaterra, un gran favorito. Otras investigaciones sugieren que los fanáticos de los equipos que ganan pueden en realidad sentirse mejor sobre sí mismos tras un juego importante, debido al fenómeno de la "gloria reflejada".

En los noventa, Hirt mostró a fanáticos entusiastas del equipo de básquetbol de la Universidad de Indiana fotografías de miembros atractivos del sexo opuesto y les pidió que calificaran su capacidad de conseguir una cita. Después de una victoria del equipo, tanto los hombres como las mujeres que eran fanáticos devotos se sentían más optimistas sobre sus probabilidades de conseguir una cita. También tenían una opinión más favorable de su capacidad de realizar bien tareas como tirar dardos, hacer tiros libres, resolver juegos de palabras o incluso tirar los dados.

"La idea de disfrutar del triunfo ajeno apunta a que las personas pueden elevar su autoestima ante sí mismas y ante los demás mediante su asociación con otros que tienen éxito", explicó Hirt. "Como el éxito del equipo se refleja en los fanáticos de forma positiva, éstos se sienten mejor sobre sí mismos cuando a su equipo le va bien".

Tal vez el aumento en la confianza pueda incluso tener un motivo fisiológico. Un estudio encontró que los niveles de testosterona de los hombres aumentan tras una victoria y descienden tras una derrota, apuntó Paul Bernhardt, profesor asistente de psicología de la Universidad Estatal de Frostburg en Maryland, quien participó con la investigación como estudiante.

Bernhardt y otro investigador tomaron muestras de saliva de hombres italianos y brasileños en bares deportivos antes y después de que los dos equipos se enfrentaron en la Copa Mundial de 1994. Tras la victoria de los brasileños, los niveles de testosterona de sus fanáticos aumentaron en más de veinte por ciento, mientras que los niveles de los italianos se redujeron en más de veinte por ciento.

Obtuvieron hallazgos similares cuando realizaron la prueba entre estudiantes universitarios antes y después de un partido de básquetbol entre la Universidad de Georgia y la Georgia Tech.

"Se trató de un hallazgo sorprendente", apuntó Bernhardt. "Sabemos que los fanáticos tienen una sensación contundente de inversión personal en los equipos que siguen. De eso se trata el ser fanático, de esa sensación de conexión personal y autoidentificación con el equipo".

"Lo hemos visto incluso en juegos de ajedrez", añadió. "Se trata de un cambio de estatus. Una sensación de estar más alto en la jerarquía social que antes".

Aunque la gloria reflejada explica por qué las tribunas están llenas para los equipos ganadores, no explica el fanatismo arraigado, ni la gente que permanece fiel a un equipo incluso cuando llevan mucho tiempo perdiendo.

Hirt afirma que una mejor explicación es el parentesco ofrecido por ser un verdadero fanático con el tiempo.

"Vemos juegos con los demás, celebramos los éxitos de nuestro equipo, pero también nos conmiseramos cuando pierden", apuntó Hirt. "Creo que los fanáticos sienten un orgullo perverso de su lealtad, y consideran un honor sufrir las épocas malas de la mediocridad o el fracaso de sus equipos. Hacerlo los hace sentir como 'verdaderos fanáticos', que merecen disfrutar del éxito del equipo, a diferencia de los fanáticos cambiantes".

A medida que la Copa Mundial continúa, los fanáticos han estado haciendo cola hasta las 4 a.m. para entrar a Nevada Smiths, un bar deportivo de la ciudad de Nueva York que se ufana de ser el lugar en que "el fútbol es una religión". Jack Keane, director del programa de fútbol del bar, espera que más de 100,000 personas vean su equipo favorito allí durante la Copa Mundial.

"Es como una estación de tren de nacionalidades, religiones, colores, idiomas, todos unidos por su amor al fútbol", aseguró Keane.

Para muchos fanáticos del deporte, ya sea fútbol, fútbol americano o béisbol, ser un fanático es también parte de la identidad familiar, una tradición que pasa de una generación a otra, señaló Keane.

"Si alguna vez ha estado en un estadio con 100,000 personas viendo a un equipo al que usted o su familia siempre han apoyado, es como una experiencia religiosa", añadió Keane. "La gente me dice que disfruta más de ver un partido aquí con otros fanáticos que con ninguna otra actividad social".

Más información

La Misión Diplomática de EE. UU. en Sudáfrica le ofrece todo lo que usted deseaba saber sobre el viaje del equipo de fútbol de EE. UU. por el Mundial de Fútbol.


Artículo por HealthDay, traducido por DrTango

 

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