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Los hombres ¿soportarían dolores de parto?

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Los hombres ¿soportarían dolores de parto?
CRÉDITO: SHUTTERSTOCK

Para lograr empatía con sus esposas embarazadas o que ya han dado a luz, una clínica de nacimiento permite a los hombres recibir los impulsos de una máquina que simula esta situación. Un hombre decidió probarla y adivina lo que pasó…

Mucho se habla de la intensidad de los dolores de parto, una experiencia que literalmente puede hacer añicos la idea del momento soñado. Pues bien, “ellos” suelen no comprender a las mujeres, quienes encuentran consuelo entre sus pares.

Entre los varones, esta sensación genera curiosidad, fantasías, y por qué no, ideas erróneas. Tom Michelson, un reportero de Reino Unido, decidió pasar por la experiencia, aunque su bebé ya tiene 6 meses.

Una noche hablando con su esposa Jenny, mientras jugaban con el bebé, Tom le dijo que lo peor del momento del nacimiento fue estar 24 horas fuera de casa y el haber pasado toda la noche sentado en una dura silla.

Enseguida se dio cuenta que había cometido un error, pero ya era tarde. “¿De verdad crees que eso fue lo peor de la experiencia? "preguntó Jenny.

Tom recordó entonces cómo estaba su esposa en ese momento, apenas era capaz de sostenerse, tenía el rostro contraído por el dolor, la vio gritar, enojarse, llorar y pensó que seguramente era algo doloroso.

Su esposa le dijo que las mujeres eran mejores para soportar el dolor y Tom pensó que ellas dicen este tipo de cosas porque saben que nunca los varones pasarán por la experiencia, y que las madres van por la vida llevando esto como un estandarte. Entonces él le comentó a Jenny que pasaría por esa prueba.

Ella se puso realmente feliz con la noticia, le ayudó a buscar el lugar, y juntos lo encontraron. Es una clínica privada de nacimientos en Amsterdam, Holanda, donde las habitaciones están equipadas para que las mujeres den a luz de la forma más natural posible, y donde tienen un dispositivo que simula las contracciones y los dolores del parto.

Tom pensó que si miles de mujeres dan a luz cada día, y lo hacen más de una vez, no podría ser tan malo. Y le pidió a su esposa que lo acompañe, tal como él lo hizo con ella al momento de dar a luz.

Un dolor de otro mundo

Cuando Tom les contó a sus amigas y compañeras de trabajo que iba a hacerlo, le dijeron que estaba loco, que ese dolor del parto no se lo deseaban a nadie, y alguien cercano le advirtió: “es la cosa más terrible que te puede suceder” y él estaba cada vez más intrigado, y a la vez, decidido.

En la clínica, la habitación donde Tom “dará a luz” es luminosa y tiene una tina muy amplia, pero él no podrá usarla, porque tendrá colocados en su vientre los electrodos de la máquina RSQ1 que a través de impulsos eléctricos, provocará en él dolores de la misma intensidad que las contracciones. Lo acompañan una partera y un fisioterapeuta.

Pronto Tom se encuentra acostado en la cama y con 4 electrodos en el estómago, que le producen impulsos generadores de dolor. Enseguida, él empieza a sufrir y a descontrolarse.

“Estoy preocupado por la falta de control. Esto ya es desagradable y no tengo ni idea si voy a ser capaz de hacerle frente” dice Tom, mientras las falsas contracciones se suceden y aumentan gradualmente.

Tom siente como si alguien está empujando dentro de su estómago; “cada tendón en mi torso está tenso. Trato de respirar pero en un momento acabo gritando” contó Tom a Dailymail.

No puede imaginar cómo soportó su esposa un trabajo de parto de 20 horas, si él no puede más al cabo de 2 horas. 

Pero aún faltan las últimas contracciones y la simulación del nacimiento en la posición de parto, algo que para él fue terrible: “Me golpean como si me atropellara un tren. Mi estómago está siendo tan violentamente comprimido que va a salir por mi espalda. El dolor es tan agresivo que se me hace imposible pensar. Siento lágrimas en mis ojos. Agarro la mano de Jenny, que me está diciendo que respire hondo” escribió Tom.

Cuando la experiencia terminó, el reportero aseguró que todas las madres del mundo tienen sus respetos, y que “Fue por lejos el mayor dolor que he experimentado en mi vida”.

 

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