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La radiación de un cáncer infantil puede incrementar el riesgo de muerte fetal en el futuro

Por Steven Reinberg, Reportero de Healthday -
La radiación de un cáncer infantil puede incrementar el riesgo de muerte fetal en el futuro

Un estudio halla que cuando el útero y los ovarios se exponen a radiación a una edad temprana, el riesgo aumenta hasta doce veces

JUEVES, 22 de julio (HealthDay News/HolaDoctor) -- Un estudio reciente halla que las mujeres que han sobrevivido a un cáncer infantil se enfrentan a un mayor riesgo de muerte fetal si su útero u ovarios estuvieron expuestos a radiación durante sus tratamientos.

Según los investigadores, aunque ni los niños ni las niñas que sobrevivieron al cáncer de la infancia parecen sufrir daño genético que podría afectar a sus hijos, el daño por radiación al útero hace que sea hasta doce veces más probable que los bebés nazcan muertos o que mueran poco después del nacimiento.

"Los niños que han recibido tratamiento para el cáncer tienen muchas probabilidades de lograr una cura a largo plazo", aseguró John Boice, Jr., investigador líder y director de ciencia del Instituto de Epidemiología Internacional de Rockville, Maryland.

"De hecho, llegan a edades en las que pueden tener hijos y quieren tenerlos", dijo. "Los supervivientes de cáncer y sus médicos necesitan tener cuidado y preocuparse por las niñas tratadas antes de la pubertad, pues el embarazo podría implicar un riesgo muy elevado de mortinatos, por lo que debe haber una gestión y un cuidado atentos del paciente".

Entre los cánceres de la infancia típicos en los que la radiación estaría dirigida a la pelvis se encuentran el linfoma, la leucemia y el tumor de Wilm, un tipo de cáncer renal, asegura Boice.

El informe aparece en la edición en línea del 23 de julio de The Lancet.

Para el estudio, el equipo de Boice recolectó datos sobre 1,148 hombres y 1,657 mujeres que habían sobrevivido al cáncer de la infancia y participaron en el Estudio de supervivientes de cáncer de la infancia (Childhood Cancer Survivor Study), que cubre 25 instituciones de los EE. UU. y una de Canadá.

Los investigadores hallaron que la radiación de los testículos de los niños y de la glándula pituitaria de las niñas, así como la quimioterapia en esas áreas, no aumentó el riesgo de mortinatos.

Sin embargo, la radioterapia que incluyó el útero y los ovarios aumentó el riesgo de mortinato y de muerte del bebé luego del nacimiento nueve veces.

Cuando las dosis de radiación eran elevadas (más de 2.5 Gy), el riesgo de muerte fetal y neonatal aumentó doce veces, agregó.

Según Boice, la radiación de dosis elevada puede perjudicar el flujo de sangre al útero, lo que reduce su tamaño. Ya sea que esto tenga un efecto o que cause otros problemas relacionados con los mortinatos no está claro.

Según los investigadores, en cuanto a los hombres, si la radiación había causado problemas reproductivos, muy probablemente pasaría desapercibida en las poblaciones más expuestas, pues los factores maternos y externos tienen mucho más que ver.

"No se observó un efecto en esta cohorte de hombres expuestos a irradiación testicular a niveles más altos de lo que podría esperarse por exposición de fondo o ambientes de diagnóstico médico u ocupacionales", escribieron los autores del estudio.

Del lado positivo, los tratamientos para el cáncer han cambiado con el tiempo y la radioterapia tiende a ser más dirigida, mientras que la quimioterapia ahora es la opción primaria de tratamiento para la leucemia, aseguró Boice.

"Para el tratamiento actual, la [muerte fetal] podría no ser el problema que era en el pasado", dijo.

El Dr. Daniel Armstrong, presidente asociado de pediatría de la Facultad de medicina Miller de la Universidad de Miami, asegura que "por un lado no es un hallazgo sorprendente según lo que se sabe acerca de la toxicidad y la radioterapia".

Sin embargo, agregó "por un lado, es un poco reconfortante que las personas potencialmente afectadas por esto se limitan realmente al grupo que recibe este tipo de radiación en particular".

Armstrong asegura que durante los últimos veinte años ha habido un compromiso para mejorar la supervivencia y reducir, si es posible, la toxicidad y los efectos a largo plazo del tratamiento.

"En algún punto, si su hijo tenía cáncer, usted simplemente quería saber que sobreviviría, luego que viviría bien y ahora quiere saber también si llegará a la adultez", aseguró Armstrong.

"Durante los últimos quince años, cada protocolo de tratamiento, hasta donde ha sido posible, ha intentado modificar la manera en que proporcionamos radioterapia, ha intentado modificar la dosis y, en algunos casos, ha tratado de eliminar la radiación al sustituirla por quimioterapia que no sea tan tóxica", agregó Armstrong.

Más información

Para más información sobre el cáncer infantil, visite la Nemours Foundation.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor

 

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