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Estadounidenses no quieren impuestos a las sodas

Por Amy Norton, Reportero de Healthday -

Plantean que el rol del gobierno no es intentar influir sobre lo que la gente come y bebe, halla una encuesta de Harris Interactive/HealthDay

JUEVES, 25 de abril (HealthDay News) -- A la mayoría de los adultos de EE. UU. no les gusta la idea de los impuestos sobre los refrescos y los cigarrillos, y muchos dudan que unos precios más altos ayudarían al país a perder peso.

Ese es el hallazgo de una nueva encuesta de Harris Interactive/HealthDay publicada el jueves. En la encuesta en línea de más de 2,100 adultos, los encuestados se oponían a los impuestos gubernamentales sobre las bebidas azucaradas y los dulces por un margen de más de 2 a 1.

Entre el 56 y el 58 por ciento rechazaron ese tipo de impuestos, mientras que apenas entre el 21 y el 23 por ciento estaban a favor.

"Es un voto firme contra el 'estado niñera'", señaló Humphrey Taylor, presidente de The Harris Poll.

"La idea de gravar los dulces y refrescos ricos en calorías quizás sea popular entre algunos defensores de la salud, que los consideran causas importantes de la epidemia de obesidad del país, pero es muy impopular entre el público", apuntó Taylor.

Los resultados de la encuesta llegan en un momento de debate creciente sobre el posible impacto sobre la salud de gravar la "comida basura". Muchos estados de EE. UU. tienen impuestos sobre la venta de refrescos, pero son pequeños, y no buscan reducir la sed de los estadounidenses de bebidas azucaradas, comentó Kelly Brownell, profesor de psicología de la Universidad de Yale y cofundador del Centro Rudd de Políticas Alimentarias y Obesidad de la universidad.

"Los impuestos sobre la venta se mantuvieron bajos intencionalmente de forma que no afectaran el consumo", dijo Brownell, quien hace mucho tiempo defiende unos impuestos más altos que harían que los consumidores se lo pensaran dos veces antes de consumir esa bebida azucarada.

Durante varios años, Brownell y colegas han presionado para la aplicación de un impuesto sobre el consumo de un centavo por onza sobre las bebidas azucaradas (no solo los refrescos). En última instancia, eso aumentaría el costo de las bebidas dulces en alrededor de un 20 por ciento. Y a diferencia de los impuestos sobre las ventas, que los consumidores no verían hasta llegar a la caja para pagar, los impuestos sobre el consumo aparecen en la etiqueta del precio, cuando las personas están tomando la decisión de comprar algo o no.

En un estudio de 2011, el equipo de Brownell calculó que un impuesto nacional de un centavo por onza reduciría el consumo de bebidas azucaradas de los estadounidenses en una cuarta parte. Los investigadores también proyectaron que el impuesto generaría 79 mil millones de dólares en ingresos en un periodo de cinco años.

Varios gobiernos estatales y locales han propuesto este tipo de impuesto, pero no han logrado nada.

Las propuestas han surgido en estados como Vermont y Texas, en ciudades grandes como Nueva York y Filadelfia, y en comunidades más pequeñas. El año pasado, los votantes de dos ciudades de California, Richmond y El Monte, rechazaron iniciativas electorales que habrían gravado las bebidas azucaradas.

Los encuestados de Harris Interactive/HealthDay se hicieron eco de esos votantes. Además de no gustarles los impuestos, muchos dudaron sobre los beneficios potenciales de salud. El 51 por ciento se mostró en desacuerdo con la afirmación de que "los impuestos sobre la venta de los dulces y los refrescos ayudarían a reducir la obesidad". Apenas el 26 por ciento estuvo de acuerdo.

Un porcentaje más elevado pareció tener una oposición filosófica a este tipo de impuestos. Dos tercios estuvieron de acuerdo con la declaración de que "el gobierno no debe asumir el papel de influir sobre lo que comemos y bebemos para que elijamos unas opciones más saludables".

Justin Wilson, analista principal de investigación del Centro para la Libertad del Consumidor (CCF, por su sigla en inglés), planteó que "las personas prefieren los incentivos a las multas".

El CCF, con sede en Washington, D.C., se opone a los impuestos sobre los refrescos y otros impuestos "sobre el pecado", diciendo que no hay evidencia de que en realidad ayudarían a controlar el problema de la obesidad en EE. UU., y que ningún alimento en particular puede ser señalado como la causa de la obesidad. Según su sitio web, el grupo obtiene financiación de la industria alimentaria y de "consumidores individuales".

Wilson dijo que los "incentivos" del gobierno podrían incluir más aceras y "espacios verdes" de forma que los estadounidenses sobre todo los niños, puedan salir a hacer ejercicio.

"Crear más espacios verdes en un rol perfecto para el gobierno", aseguró.

Wilson se mostró escéptico de que alguna parte de los fondos captados por un impuesto sobre los refrescos se utilizaría para la prevención de la obesidad o programas similares, como les gustaría a sus proponentes, como Brownell. "La idea de que el dinero se destinaría a eso es ridícula, porque el gobierno nunca funciona así", advirtió Wilson.

Lisa Powell, profesora de políticas y administración de salud de la Facultad de Salud Pública Chicago de la Universidad de Illinois, dio que hay evidencia "robusta" de que unos precios más altos para las bebidas azucaradas conllevarían un consumo más bajo.

En una revisión reciente de la investigación, Powell y colegas hallaron que un aumento del precio del 20 por ciento, más o menos equivalente a la propuesta de un centavo por onza, se correlacionaba con un declive del 24 por ciento en la ingesta de bebidas azucaradas de las personas, en promedio.

"Creo que se necesita más investigación sobre el efecto neto en el peso corporal", planteó Powell. Si las personas reemplazan las calorías de las bebidas azucaradas con otros alimentos sin impuestos, podría haber poco o ningún efecto sobre el peso.

Powell y Brownell enfatizaron que ninguna medida individual es la respuesta al problema de obesidad del país. Powell dijo que también es importante hacer que elegir opciones saludables sea más fácil, por ejemplo a través de subsidios para ayudar a los estadounidenses con ingresos bajos a comprar frutas y verduras frescas, y asegurándose de que todas las viviendas cuenten con agua de la llave potable y de buen sabor.

En cuanto a la idea de que el gobierno no debe interferir con las dietas de las personas, Powell anotó que la industria alimentaria utiliza anuncios para convencer a los consumidores, y que los niños son particularmente vulnerables a esa táctica. "Sería interesante preguntarles a los padres si se debe permitir a las compañías alimentarias que influyan sobre lo que sus hijos comen y beben, y ver qué responden", dijo Powell.

La encuesta de Harris Interactive/HealthDay se llevó a cabo en línea en EE. UU. entre el 28 de marzo y el 1 de abril de 2013, e incluyó a 2,132 adultos a partir de los 18 años que fueron encuestados por Harris Interactive. Las cifras para la edad, el sexo, la raza/etnia, la educación, la región y el ingreso familiar se sopesaron cuando resultó necesario para alinearlos con las proporciones actuales en la población. También se usó ponderación para ajustar por las probabilidades de que los encuestados estuvieran en línea.

Más información

Para más información sobre las bebidas azucaradas y la salud, visite la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

© Derechos de autor 2013, HealthDay

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