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¿Es la obesidad el nuevo cigarrillo?

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¿Es la obesidad el nuevo cigarrillo?
CRÉDITO: SHUTTERSTOCK

China acaba de dictar la medida de prohibir que se fume en todas las escuelas del país. Es un gran paso para derrotar a uno de los peligrosos enemigos de la humanidad. El otro es la obesidad, un flagelo que se podría evitar con campañas públicas de protección e información.

La lista de países que toman medidas en contra del tabaco sigue creciendo. En todo el mundo, 2,300 millones de personas están cubiertas por al menos una medida de limitación del consumo de tabaco, una cifra que se ha más que duplicado en los últimos cinco años, según el Informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la epidemia mundial de tabaquismo, en el año 2013.

En EE.UU., cuando Michael Bloomberg, el ex alcalde de Nueva York propuso por primera vez la prohibición de fumar en esa ciudad en el año 2002, muchos tomaron esa medida como puritana o lo veían como una forma de perder su libertad, pero pronto varios países europeos empezaron a imitarla.

En realidad, el país viene haciendo esfuerzos por limitar el consumo de tabaco desde hace 50 años, y eso ha permitido evitar 8 millones de muertes prematuras, dando a las personas un promedio de casi 20 años adicionales de vida, según un estudio reciente.

Tras varias décadas de campañas, las tasas de tabaquismo habían bajado al 20%, pero esa cifra se redujo al 18.1% en 2012, según las últimas estadísticas de los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC).

El flagelo de la obesidad

En ese sentido, el tabaquismo puede compararse con la obesidad: ambos son evitables y causan males irremediables, muertes y enormes costos a la salud pública.

Si las grandes campañas contra el cigarrillo -que incluyen prohibiciones y suba de impuestos pero también educación hacia la población- han dado resultado, ¿por qué no habría de pasar lo mismo con la obesidad?

A la vista está que si las personas reciben información sobre los daños de un hábito, toman conciencia del peligro y terminan cambiando de actitud. Por eso, reducir la obesidad podría ser el próximo desafío en un país donde más de un tercio de la población la padece, según los CDC.

Subir los impuestos a los alimentos que fomentan la obesidad, podría ser una buena idea. Un grupo de científicos de Universidad de Oxford, y la City University de Londres, Inglaterra, realizó en 2012 una investigación en varios países y concluyó que un impuesto a los alimentos grasos podría mejorar mucho la salud.

El Profesor Oliver Mytton, uno de los autores, declaró: “Debemos pensar que el exceso de alimentos está causando hoy en día la muerte de casi 3 millones de personas al año, en especial a causa de enfermedades que se vinculan al sobrepeso, como enfermedades cardiovasculares, cáncer y diabetes”.

En EE.UU. algunos pasos se están dando. En 2013, la FDA anunció que pediría a las compañías de la industria alimentaria que eliminen por completo el uso de grasas trans, una de las grandes culpables del sobrepeso. La medida, que aún no tiene fecha de inicio, ayudará a evitar unas 7,000 muertes al año.

Y también en 2013, en México se aprobó una ley que sube los impuestos de las bebidas azucaradas y la comida grasosa. Lo hace para luchar contra su alto porcentaje de obesidad, que ya alcanza al 32.8% de la población, según el último relevamiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. En segundo lugar, se ubica EE.UU. con un 31.8%.

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