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Cuando las personas mayores dejan de conducir, se podría avecinar un peor estado de salud

Por Amy Norton, Reportera de HealthDay -
Cuando las personas mayores dejan de conducir, se podría avecinar un peor estado de salud

En una revisión de la investigación resaltaron la depresión y los declives mentales y físicos

MIÉRCOLES, 3 de febrero de 2016 (HealthDay News) -- Las personas mayores que dejan de conducir podrían experimentar un declive en su bienestar mental y físico, encuentra una nueva revisión de la investigación.

La revisión de 16 estudios publicados encontró que los adultos mayores tendían a mostrar una peor salud tras dejar de conducir, sobre todo en términos de la depresión.

Los investigadores dijeron que no está claro si los problemas de salud son un resultado directo de dejar de conducir.

Pero apuntaron que probablemente sea un círculo vicioso: una peor salud (lo que incluye problemas con la visión, limitaciones físicas y el empeoramiento de la memoria y el juicio) hace que las personas mayores dejen de conducir. Eso, a su vez, puede acelerar su declive.

"Se trata de un tema muy complejo", dijo el investigador principal, el Dr. Guohua Li, director fundador del Centro de Epidemiología y Prevención de las Lesiones del Centro Médico de la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York.

Por un lado, apuntó Li, los conductores mayores necesitan unas habilidades físicas y mentales indispensables para estar seguros al volante. Y en algún momento, muchos tienen que renunciar a la conducción.

Por otro lado, esa decisión tiene consecuencias significativas, apuntó Li. Los adultos mayores que dejan de conducir podrían sentirse socialmente aislados, lo que podría fomentar la depresión. También podrían reducir su actividad física, lo que puede agravar sus afecciones de salud física.

"Es un equilibro sensible", dijo Li, "y hay que sopesar las ventajas y desventajas de no conducir en cada caso individual".

La revisión, que aparece en una edición reciente en línea de la revista Journal of the American Geriatrics Society, observó 16 estudios que compararon a adultos mayores que habían dejado de conducir con otros que seguían al volante.

Cinco estudios se enfocaron en los síntomas de depresión. En general, los adultos mayores eran el doble de propensos a experimentar un empeoramiento de la depresión cuando dejaban de conducir, incluso cuando se tomaron en cuenta factores como la edad, la salud física y el declive mental.

"Dejar de conducir se asoció con la mayor firmeza con el riesgo de depresión", dijo Li. "Pero los efectos de salud en realidad eran más amplios".

Otros estudios han encontrado que después de que los conductores mayores renunciaban al volante, con frecuencia reportaban un peor funcionamiento físico y mostraban unos declives más rápidos en la memoria y otras capacidades mentales.

Los que dejaron de conducir también eran más propensos a morir en los tres a cinco años siguientes, en comparación con sus pares que continuaron conduciendo. Una vez más, esto fue así incluso después de que los investigadores tomaran en cuenta la salud inicial y la agudeza mental de las personas.

La Dra. Marian Betz, vocera de la Federación Americana de Investigación sobre el Envejecimiento (American Federation for Aging Research), dijo que la revisión resalta un tema importante. ¿Cómo equilibra la sociedad la seguridad vial con los "muchos beneficios" que las personas mayores derivan de conducir?

"Hay un estereotipo de que los conductores mayores son peligrosos", dijo Betz, profesora asociada de medicina de emergencias de la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado.

Añadió que es verdad que muchos adultos mayores desarrollan afecciones que pueden interferir con la conducción. Pero hay opciones además de quitarles las llaves del coche, al menos de inmediato.

"Los adultos mayores y sus familias pueden pensar en formas de limitar la conducción", planteó Betz. "Pueden evitar la conducción nocturna, o conducir en carreteras concurridas durante las horas pico, o en otras situaciones que pudieran resultar desorientadoras".

Si las limitaciones físicas, como la inmovilidad del cuello, son el problema, un terapeuta ocupacional podría ayudar, aseguró Betz. Pero añadió que la terapia podría ser costosa si el seguro no la cubre.

Al final, muchas personas mayores renuncian a conducir, y entonces recurren a alternativas como que sus familiares los lleven en sus coches o utilizar autobuses y taxis.

Pero Li dijo que nadie sabe si eso evita las consecuencias para la salud. Hay pocas investigaciones sobre el tema, añadió, pero hay ciertas evidencias de que los transportes alternativos no protegen de la depresión.

"La mera disponibilidad de transporte podría no ser suficiente", dijo Li.

Según Betz, conducir es una parte tan integral de la vida adulta que las personas mayores pueden sentir que están perdiendo parte de su identidad cuando renuncian a hacerlo. Pero es probable que parte de la depresión también se relacione con el aislamiento social, comentó.

"Cualquier cosa que podamos hacer para ayudarles a permanecer involucrados en la comunidad es beneficiosa", dijo Betz.

Sugirió que las personas mayores y las familias busquen ayuda en las organizaciones locales de personas de edad avanzada.

Li se mostró de acuerdo, y apuntó que hay una necesidad vital de programas para mantener a las personas mayores con movilidad y socialmente involucrados después de que dejen de conducir.

En 2012, casi 36 millones de estadounidenses a partir de los 65 años de edad tenían licencias de conducir, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU.

Más información

La AAA Foundation for Traffic Safety ofrece recursos para los conductores mayores.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

© Derechos de autor 2016, HealthDay

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