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Un chef es fóbico a los frijoles

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Un cocinero inglés tuvo que renunciar a su trabajo ya que cada vez que cocinaban frijoles sentía terror y tenía que esconderse para no verlos. Dice que le recuerdan a su infancia, cuando sus hermanos se los arrojaban por la cabeza.

Rob Griffiths tiene 31 años y es cocinero de profesión. Hasta hace poco tiempo se desempeñaba como chef en un pub de Milton Keynes, en Inglaterra. Cada mañana, mientras preparaban frijoles para el desayuno, entraba en pánico y tenía que ocultarse en un rincón de la cocina desde donde quedaran fuera de su vista. 

Cada vez que veía los frijoles, a los que él llama “los diablos anaranjados” sentía deseos de desmayarse. A causa de esta extraña fobia, conocida técnicamente como leguminofobia, tuvo que dejar su trabajo y ahora se dedica a limpiar vidrios. 

Según parece, el origen de este temor es que en su niñez, sus hermanos lo agredían arrojándole frijoles a la cara y la cabeza. “Me siento incómodo y tengo que correr cuando los tengo cerca”, reconoce Griffiths con pesar. Tal es su aversión que cuando ve las latas de frijoles en las góndolas del supermercado tiene que tomar otro camino. 

Cary Cooper, profesor de la Universidad de Lancaster comentó al diario Daily Mail, que aunque parezca increíble o inusual, "la gente puede crearse fobias prácticamente de casi todo”. Según el experto, la que padece Griffiths es bastante seria, ya que puede provocar desórdenes mentales graves. Por eso sugiere que en el caso de que el enfermo quiera ser ayudado, una forma de tratarlo sería con una terapia cognitiva, entrenamiento y paciencia. 


El profesor Graham C. Davey, Ph.D. de psicología en la Universidad de Sussex, en Inglaterra, explica que la fobia es un marcado temor o ansiedad al estar en contacto ante objetos o situaciones específicas. Este temor se puede sentir ante situaciones cotidianas como volar, estar con animales, recibir una inyección o ver sangre, pero también en casos particulares como usar ropa de lana o con botones, verlas muñecas o comer alimentos desconocidos. 

Las fobias son bastante comunes y afectan a un 60,2 % de la población, y las mujeres son dos veces más propensas a tenerlas que los hombres. Quien lo padece desarrolla estrategias para evitar o minimizar la posibilidad de estar en contacto con el objeto o la situación que dispara el temor. Para solucionarlo hay tratamientos psicológicos que ayudan a descartar esas creencias fóbicas y permiten entrar en contacto con lo que genera el conflicto en lugar de buscar huir de él. Estas terapias son altamente satisfactorias y no suelen tomar más de una o dos sesiones. 

Las fobias más comunes se dan con animales de aspecto desagradable como serpientes, arañas, ratas, cucarachas y caracoles. Hay otras de índole social como temer a estar con gente, frecuentar lugares muy abiertos, ir al dentista, ver sangre, etc. y las menos comunes incluyen la aversión a objetos o situaciones inusuales como puede ser el miedo a los payasos, a los espejos y a comer alimentos de color verde, entre otras. 

Las fobias más comunes son las de índole alimentaria, en la que el comensal asocia un alimento o un plato con la sensación de peligro o malestar. Si quien lo padece es un niño, es contraproducente insistir en que supere estos miedos y se corre el riesgo de agravar la fobia y hacerla crónica.

Durante la infancia, una de las fobias comunes se denomina  neofobia, que es el miedo a probar alimentos nuevos o que no se conocen, donde los alimentos más resistidos son el pescado, las verduras crudas o amargas y las frutas rojas. Según sostiene una investigación publicada en el Journal Americano de Nutrición Clínica, este rechazo a ciertos a alimentos desconocidos puede haber sido una ventaja evolutiva, que sirvió para prevenir a las especies de  exponerse a alimentos potencialmente tóxicos.

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