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¿Tomate o jitomate?

Por Eleazar Lara-Pantin, MD, MSc.* -
¿Tomate o jitomate?

Uno de los valores más ricos que hemos heredado de nuestra madre patria es, sin lugar a dudas, nuestro idioma. Y no es solamente rico por su vocabulario y por la variedad de opciones de su compleja gramática, sino por su capacidad para enriquecerse a medida que la comunidad de habla hispana se moviliza por el mundo para integrarse a otras culturas, manteniendo nuestro idioma como fundamental lazo de unión.

Después de varias décadas, aprendiendo y compartiendo experiencias con gente de casi todos los países de América Latina en sus respectivas naciones, en estos últimos tres años he tenido la suerte de poder observar, en vivo y en directo, que, más allá de la diversidad de términos y de las diferencias en el significado de las mismas palabras de un país a otro, existe dentro de esta aldea global en la que se ha convertido el mundo, una comunidad de una riqueza cultural invalorable, implantada en un enorme territorio en el que por siglos se ha hablado en otro idioma, y cuya evolución ha hecho posible el nacimiento de una versión ampliada del español original.. Me refiero a los llamados hispanos en los Estados Unidos.

El impresionante crecimiento de la población que integra las “minorías” en los Estados Unidos ha llevado a los hispanos a constituirse en la más grande minoría de este país, agrupando a un número de personas bastante superior a los 37 millones que reflejan las cifras del último censo y las estimaciones oficiales en ese campo. Esto significa que, muy probablemente, México es el único país de habla hispana que supera en número de habitantes a la población que habla español en los Estados Unidos.

Pero no se trata de un simple asunto de cifras absolutas y porcentajes. Tantos millones de personas representan una responsabilidad enorme para quienes tienen que tomar decisiones, para quienes tienen que promover e implementar programas y servicios dirigidos a una población a la que es necesario informar y educar en un idioma diferente al de la mayoría nativa. En un país donde la condición de hispano resalta entre los factores de riesgo a sufrir las enfermedades que demandan más servicios y matan más gente, varias decenas de millones de personas que hablan otro idioma representan una realidad que no puede dejarse de lado.

Afortunadamente, se han ido creando instrumentos legales que indican que comienza a dársele a esta situación la importancia que ya tiene, pero la tarea no es fácil, porque no basta con hacer algo que, aunque costoso, no es tan difícil, como sería traducir todo del inglés al español. El problema está en que el español de los hispanos de los Estados Unidos es una versión diferente del idioma que nuestros países recibieron de la madre patria hace más de cinco siglos, y es a su vez una versión modificada del que cada uno de nosotros habla en nuestros países de origen.

Dos de las áreas en las que más se notan estas diferencias son las de salud y alimentación. Por razones de espacio, debo limitarme a mostrar algunos ejemplos en el área alimentaria, como es el caso de las palabras utilizadas para titular esta nota. En una comunidad integrada en más de un 60 por ciento por gente de origen mexicano, no es posible desestimar que para ellos la traducción correcta de la palabra "tomato" no es tomate sino jitomate y que la traducción de "cake" no es torta, porque esta palabra la utilizan para referirse a un emparedado. Para algunos hispanos, la traducción correcta de "avocado" es aguacate, mientras que para otros es palta, cura o cupandra. Para algunos la traducción correcta de "corn on the cob" sería elote, pero para otros sería mazorca, choclo o jojoto. Y para algunos la traducción de "popcorn" sería palomitas de maíz, pero para otros sería cotufas, crispetas o poporopos. Esto sin entrar en los detalles de las diferencias de significado de la palabra churrasco dependiendo del país de origen.

Al lado de esta diversidad de formas de llamar a muchos alimentos es necesario tener en cuenta que hay igualmente diferencias en las formas de utilizarlos para la preparación de las comidas. Para sólo mencionar un ejemplo, para algunos el aguacate se come como lo hacen con otras frutas, a la cual hasta le agregan azúcar en varias de sus diversas preparaciones, mientras que para otros, es un componente que hace más apetitosas las ensaladas, al cual le agregan sal para resaltar su especial sabor.

* Especialista en Nutrición y Vicepresidente de Desarrollo de Productos de DrTango, Inc.

 

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