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Dejó el azúcar y encontró el amor

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Dejó el azúcar y encontró el amor
CRÉDITO: SITIO OFICIAL

Cady Stanton, empleada en la Universidad de Washington, luchó con su peso desde niña, y por la noche buscaba consuelo en la comida y engordaba más y más. Pero en la facultad conoció un hombre que se interesó en ella a pesar de su sobrepeso, le sugirió abandonar el azúcar, bajó varias libras y hoy tienen una feliz historia de amor, y menos calorías.

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Como hija mayor, Cady Stanton siempre tuvo muchas responsabilidades, en especial porque su madre tenía problemas de salud y había que hacerse cargo de la casa y de sus hermanos menores. Por la noche, cuando todos se iban a dormir, volvía a la cocina para paliar sus penas con un balde de helado. Comía hasta sentirse mal, sabiendo que era algo que tenía que mantener bien guardado, como el mayor de los secretos. 

Era una familia con pocos ingresos; su padre tenía tres empleos para poder alimentar a su familia, y no tenían recursos ni información como para poder comer sano. Por eso su dieta era a base de carne picada, pastas y pizza. “Comer sano requiere tiempo y dinero y las familias que están muy ocupadas no lo tienen. Por eso comen lo que conocen, mientras sea rápido y barato”, explicó Cady a la prensa. 

Un día notó que sus pies “rebalsaban” de sus zapatos, y le quedaban demasiado apretados, y se le ocurrió relacionar su gordura con el estilo de alimentación que tenían en su casa. Medía 5’5” (1,67 m) y pesaba 200 libras (91 kg) y si bien era buena alumna, hasta ese momento no había pensado que lo que comía era lo que la hacía engordar. Trató de comer más sano y a hacer ejercicio, y logró bajar hasta pesar 150 libras (68 kg)… pero el consuelo del helado era más fuerte y volvió a subir. 

En 1996 se casó, se mudó a Washington, donde no se sintió a gusto, y siguió comiendo de más. Cuando alcanzó las 265 libras (120 kg)… dejó de pesarse. En 2005 se divorció y al tiempo se mudó a Seattle e intentó recomponer su vida. Le regaló el auto a un pariente y empezó a usar la bicicleta o a desplazarse a pie, y logró bajar 50 libras (22 kg) casi sin esfuerzo. Pero al tiempo volvió a subir y a buscar consuelo en la comida. 

Mientras estudiaba psicología en la Universidad había conocido a Ryan Laundry, un joven que se había interesado mucho en ella. La joven no podía entender que a alguien pudiera gustarle “una gorda”. La mujer cree que al tener sobrepeso, lo último que se quiere es tolerar la humillación de pensar que alguien se puede enamorar de uno. 

Paso el tiempo, se mudó a Pennsylvania para obtener su doctorado en Desarrollo Humano y Estudios Familiares, y al volver a Seattle se conectó nuevamente con Ryan. Sintió como si nunca se hubieran separado, y empezaron una relación romántica. Sin embargo, sintió que no le alcanzaba con el amor de su prometido, necesitaba quererse a ella misma, cuidarse para llenar lo que ella llama “los agujeros del alma”. Su novio le sugirió seguir una dieta baja en azúcar, y aceptó dejar de lado los pasteles, los helados y también las comidas rápidas. Y aprendió a diferenciar el hambre física del hambre espiritual.

A los 4 o 5 días cesó su deseo de comer cosas dulces, empezó a bajar de peso, y en junio de 2013 se casaron. Hoy ambos son muy felices, Cady pesa 142 libras (64 kg), come sano y hace ejercicio y si consume algo dulce lo hace como una especie de “permiso especial”.

Para controlar su estrés reemplazó el helado por la meditación. Y hasta está más segura en su trabajo ya que según confiesa, cuando estaba gorda sobrepeso sentía que la gente la veía menos eficiente. Trabaja en el Departamento de Investigación de la Universidad de Washington y comenta con satisfaccion: “Hoy la vida me resulta más fácil, y desapareció la vergüenza que sentía cada noche cuando bajaba a comer helado a escondidas”.

 

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