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Integrando a la familia

Por Lic. Nina Nazor Robles* -
Integrando a la familia

La Navidad es una temporada en la que nos reunimos con la familia e invariablemente las celebraciones se llevan a cabo alrededor de la comida, principalmente debido a los profundos vínculos que se crean entre las personas al compartir los alimentos.

Diferentes tradiciones gastronómicas se hacen presentes en nuestras mesas acompañando a la cena navideña, además de las celebraciones diferentes con comidas y bebidas de la temporada, característicos de cada país latinoamericano.  

Algunos datos curiosos son, por ejemplo, que el pavo de Nochebuena tuvo su origen en México en el siglo XVI cuando los aztecas se lo prepararon al conquistador Hernán Cortés, a quien le agradó y lo llevó a España. También se cuenta que el pan dulce se inventó en Milán Italia en el año 1495, en el castillo del duque Ludovico Sforza, quien quería preparar una comida especial para esa Navidad, por lo que a uno de sus cocineros se le ocurrió agregarle frutas secas y pasas al pan. Y otro dato curioso es que los árabes, radicados en España, fueron quienes fabricaron el turrón por primera vez al comenzar el siglo XVII.

Es en esta época cuando aprovechamos para establecer contacto con los amigos que no hemos podido ver durante el año o con los familiares que viven lejos. Y es que cualquier tipo de reunión familiar ayuda a crear y a mantener conexiones que de otra manera se perderían en la vida tan activa y a veces demasiado agitada de la actualidad.

Precisamente, desde el punto de vista de las autoridades de la salud mental, se plantea que la existencia y la frecuente repetición de estos rituales elaborados alrededor de la comida ayudan a preservar la salud familiar. De ahí que muchos de estos eventos no tengan otro objetivo que el de perpetuar y expresar emociones profundas como el amor y la seguridad emocional entre los miembros de una familia.

Por lo anterior, se considera que es necesario fomentar esas reuniones familiares, no sólo durante la época navideña sino con más frecuencia, con pequeños rituales que enriquezcan grandemente la vida emocional de la familia. Pero no necesitamos de días o fiestas especiales para aprender a compartir con nuestra familia. Podemos tratar de cenar juntos todas las veces que se pueda, compartir los quehaceres de preparar la comida, poner la mesa, limpiar la cocina y conversar mientras lo hacemos, considerando que es una actividad agradable y creativa que se puede disfrutar con las personas que amamos.

También debemos evitar que estos momentos se conviertan en un foro de discusión y pelea cuando deben ser momentos de compartir no sólo los alimentos, sino los acontecimientos del día, los sueños y las esperanzas de los miembros de la familia, tratando de dejar para otro momento las recriminaciones o problemas que se tienen que resolver.

En estas fiestas disfruta de los rituales familiares y, si no los acostumbras, crea unos resucitando algunas viejas tradiciones como cantar villancicos, una sesión de cocina en la que se prepare algún platillo navideño o participar en las costumbres de tu país de origen, como son las posadas, típicamente mexicanas y de otros pueblos latinoamericanos como los Andes Venezolanos, para celebrar cada noche el nacimiento de Jesús nueve días antes de la Navidad, con rezos, cánticos, comida y piñatas.
¡Felices fiestas!

 

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