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Potente antibiótico en estiércol de caballo

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Potente antibiótico en estiércol de caballo
CRÉDITO: SHUTTERSTOCK

El mundo necesita de nuevos y más poderosos fármacos para vencer a las enfermedades cada vez resistentes a los antibióticos. Y el estiércol de caballo podría ser una poderosa alternativa natural. De acuerdo con investigadores del Instituto de Microbiología de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, Suiza un hongo que crece de manera natural en el excremento de los corceles tendría el mismo efecto que los antibióticos tradicionales.

La investigación publicada en Journal of Biological Chemistry, refiere que los científicos aislaron el compuesto activo del hongo Coprinopsis cinérea. La sustancia, conocida como copsin, es una proteína que pertenece al grupo de las defensinas, producidas por muchas plantas y animales para repeler a las bacterias y combatir los microorganismos que causan enfermedades.

Para el estudio, los investigadores dirigidos por el profesor Markus Aebi, cultivaron el hongo en un laboratorio junto con varios tipos de bacterias. Los resultados mostraron que mataba muchas de las bacterias analizadas y sería la sustancia producida por el hongo la responsable de su efecto antibiótico.

"Copsin es una proteína excepcionalmente estable", resaltó Andreas Essig, una de las investigadoras, en información difundida por la institución académica. Las proteínas son generalmente susceptibles a las enzimas y se degradan a altas temperaturas. Copsin es una excepción, ya que se mantiene estable cuando se calienta a una temperatura de 100° centígrados durante varias horas o cuando se somete a enzimas que degradan la proteína, precisó.

Además, se descubrió cual es el mecanismo de acción de copsin. "La construcción de la pared celular es el talón de Aquiles de las bacterias", explicó Essig. Al unirse copsin con la envoltura celular bacteriana de los lípidos, las bacterias mueren porque no son capaces de construir la nueva pared celular.

¿Dónde se buscan los nuevos antibióticos?

La naturaleza históricamente ha servido a la humanidad en el desarrollo de los medicamentos. Desde el extracto de sauce en la fórmula universal de la aspirina, muchas plantas están detrás de los fármacos actuales.

Para muestra basta una droga. O varias: el fármaco Rapamune de Pfizer, que se utiliza para prevenir el rechazo en los trasplantes de órganos, se desarrolló a partir de un microorganismo del suelo, recogido en la Isla de Pascua, y la penicilina, el primer antibiótico, proviene de un hongo. También se sabe que Cubicin, un antibiótico inyectable, fue aislado por primera vez a partir de un microbio encontrado en suelo del monte Ararat, en Turquía.

Y también se busca explorar las bacterias, que algunas veces han servido a la ciencia. La estreptomicina, un antibiótico de uso común desarrollado a partir de una bacteria, fue la primera cura para la tuberculosis y sirvió hasta estos días en que la bacteria comenzó a desarrollar resistencia.

Naturaleza y tecnología juntas podrían ser las nuevas claves. La comprensión de la codificación genética abre la posibilidad de desarrollar formas de convertir los genes microbianos o desactivarlos para generar la producción de un antibiótico específico. Y por ese camino va la ciencia en este momento.

Infecciones bacterianas

La Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos refiere que las bacterias son seres vivos que contienen sólo una célula. Bajo un microscopio, se ven como pelotas, varas o espirales. Son tan pequeñas que una fila de 1,000 podría cruzar la goma de borrar de un lápiz. La mayoría de las bacterias no hacen daño: menos del uno por ciento de ellas causa enfermedades. Además, muchas son útiles. Algunas bacterias ayudan a digerir la comida, destruir células causantes de enfermedades y suministrar vitaminas al cuerpo. Las bacterias también se utilizan para hacer alimentos saludables como el yogurt y el queso.

Las bacterias infecciosas se reproducen rápidamente dentro del cuerpo y pueden provocar enfermedades. Muchas despiden sustancias químicas llamadas toxinas, que pueden dañar los tejidos y así causan enfermedades. Entre los ejemplos de bacterias que causan infecciones se incluyen el estreptococo, el estafilococo y la E. coli.

El tratamiento habitual contra las bacterias infecciosas son los antibióticos. Los antibióticos solamente funcionan contra las infecciones causadas por bacterias, hongos y ciertos parásitos. Estos no funcionan contra ninguna infección causada por virus. Los virus causan resfriados, la gripe y la mayoría de toses y dolores de garganta.

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