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La condesa sangrienta tenía razón

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La condesa sangrienta tenía razón

Elizabeth Báthory, conocida como la "condesa sangrienta", fue una noble húngara que vivió en el siglo XVI y que es recordada por un hábito horrendo: se bañaba en sangre joven, y hasta la bebía, para no envejecer. Aunque "poco ortodoxo", su método podría ser la llave de la juventud. Científicos acaban de hallar que inyectar sangre joven en ratones, les fortalece el cerebro revirtiendo el paso del tiempo.

Investigadores de la escuela de medicina de la Universidad de Stanford realizaron en laboratorio un experimento cuyas conclusiones harían felices a millones de personas que temen el paso del tiempo.

Con el fin de buscar tratamientos para enfermedades como la demencia, entre ellas el Alzheimer, los científicos inyectaron sangre de jóvenes en ratones de laboratorio que ya estaban en el otoño de sus vidas.

Y comprobaron con asombro que los cerebros de estos roedores, fortalecidos por sangre que no era añeja, se volvieron vitales nuevamente. Fue como una inyección de energía en esos cerebros agotados por el paso del tiempo.

Durante el estudio, publicado en la revista Nature Medicine, los expertos realizaron transfusiones de plasma sanguíneo de ratones de 18 meses, en sus parientes de 3 años.

Los ratones que recibieron la rejuvenecedora transfusión realizaron mucho mejor los test de memoria y habilidades que aquéllos que no habían recibido sangre joven.

El doctor Tony Wyss-Coray, uno de los líderes del estudio, explicó que "la sangre joven recargó el cerebro de los ratones maduros, permitiéndoles volver a cumplir funciones que ya habían abandonado".

"Estamos analizando sus cerebros, para comprender exactamente cómo ha sido este proceso al que se puede llamar de rejuvenecimiento", agregó.

Aunque aún falta un largo camino por recorrer para comprobar cómo funciona la sangre joven en el cerebro viejo, y si sería una terapia que ayudaría, por ejemplo, a personas con Alzheimer, los científicos aseguran que no bajarán los brazos.

El equipo de la universidad de Stanford, así como otro grupo de la Universidad de Harvard, creen que en esta simple técnica, que nada tiene de sanguinaria como la que practicaba la "condesa sangrienta", podría estar el camino hacia mejores tratamientos contra enfermedades cerebrales degenerativas.

 

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