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Bajó 260 libras y quiere ser entrenador físico

Por MiDieta -
Bajó 260 libras y quiere ser entrenador físico


Una noche de enero de 2010, Mario Colao cuenta que se despertó bañado en sudor, con su brazo izquierdo completamente dormido y el corazón latiendo a más no poder. En ese momento se horrorizó pensando que le iba a pasar lo peor. Como el incidente se repitió un par de veces más, se dio cuenta de que había llegado el momento de hacer algo por él mismo. Y le pidió a Dios que le diera una segunda oportunidad. 

A los 28 años, pesaba 460 libras (208 kg), usaba ropa talle 6X, se daba frecuentes atracones de bebida y fumaba dos paquetes diarios de cigarrillos. A la hora de comer, no tenía restricciones, y según cuenta en su blog "I've Said it All Before", una comida normal podía incluir dos hamburguesas con una soda grande, papas fritas y una porción de nuggets. 

Mario tuvo problemas con su peso desde niño, y creció en su casa de familia italiana donde la comida era el centro del universo. Sus padres trabajaban todo el día y él estaba a cargo de su abuelo. En el colegio lo hostigaban por ser gordo y no tenía amigos, salvo su abuelo. Cuando el anciano murió, el niño de 9 años se quedó completamente solo, y tapó sus penas con más y más comida. “La comida fue mi vía de escape, para mí fue como una droga”, reconoce hoy. 

A los 18 empezó a fumar y a los 22 incorporó el alcohol a la lista de desarreglos de su vida. Llegó a consumir 10 tragos por noche y fumar dos paquetes de cigarrillos. Para ganar amigos, empezó a hacerse el payaso y así dejó de ser el muchacho acosado para ser el alegre y festejado, que aliviaba a otros con sus chistes. 

Sus padres decidieron comprarle una cinta de caminar, donde pudo empezar a hacer algo de ejercicio, ya que le daba vergüenza ir a un gimnasio. También empezó a levantar pesas y mejoró su dieta: dejó los fritos y las comidas rápidas y así logró ir bajando de peso. Hoy entrena cinco días a la semana y ya logró perder 260 libras (118 kg). Como premio, decidió viajar a Filadelfia para recrear la escena de “Rocky” y trepar victorioso las escaleras del Museo de Arte. 

El joven señala que contó con el apoyo de sus padres y su novia, Julia González, y quiere aprovechar su experiencia y convertirse en preparador físico, para ayudar a otros que están en el mismo lugar que estuvo él. ”Mi mayor deseo es ayudar a gente como yo, que son obesos y se sienten sin esperanzas. Si yo pude, otros también pueden”, asegura.

 

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