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Formación de la placenta

Por A.D.A.M. -
VISTA RÁPIDA

El embrión en crecimiento necesita nutrientes y oxígeno, así como un sistema para deshacerse de los residuos de su propio metabolismo. Todo esto es logrado por la placenta, que permite que el embrión en crecimiento coma y respire mientras se encuentra en el útero de la madre.

Luego de la implantación del óvulo fecundado en el revestimiento uterino, la capa exterior del embrión desarrolla espacios llamados lagunas. Las lagunas se llenaron de sangre del recubrimiento uterino de la madre. Las pequeñas proyecciones de la capa coriónica del embrión se extendieron al recubrimiento uterino. La capa coriónica es una de las membranas que rodean al embrión y le ayudan a implantarse. Los vasos sanguíneos comienzan a formarse en la capa coriónica.

Alrededor del día 21, el torrente sanguíneo del embrión y el de la madre están en un contacto tan estrecho que los nutrientes y el oxígeno pueden pasar de la madre al embrión. Los dos torrentes sanguíneos están separados por una delgada capa de tejidos en la placenta llamada barrera sanguínea. La barrera permite que pequeñas partículas, como nutrientes y oxígeno, pasen de la madre al embrión y permite que los desechos pasen del embrión a la madre.

La barrera sanguínea también evita que muchas partículas de gran tamaño o potencialmente dañinas entren al torrente sanguíneo del embrión. Los glóbulos rojos no pasan del torrente sanguíneo de la madre al del embrión.

Es importante mantener ambos torrentes separados, pues el tipo de sangre de la madre puede ser distinto al del embrión. Si el tipo de sangre de la madre es positivo y el del embrión es negativo, los glóbulos de la madre tratarían al embrión como un organismo foráneo invasor e intentarían destruirlo.

La placenta y su barrera sanguínea son importantes para suministrar nutrición y oxígeno al embrión en crecimiento, remover desechos y prevenir la entrada de sustancias nocivas al torrente sanguíneo del embrión.